13/11/2007 23:10
Magoo De La Rosa Toro Nalvarte

Sergio "El Gordo" Barreda fue el pionero de la industria de la tabla en el Perú.




Me pareció oportuno y necesario aprovechar el reto que me brinda esta tribuna y rendir un pequeño homenaje a la gran ayuda que recibí por parte de mi maestro Sergio “El Gordo Barreda”, a quien me unirá siempre un cariño muy especial. Quiero contarles lo importante y determinantes que fueron aquellos maravillosos años que pasé al lado del cuatro veces Campeón Nacional.

Quienes lo conocieron no me van a dejar mentir de lo desprendido y bonachón que era el ‘Gordito’. A fines de los años 70’s, cuando yo tenía apenas 11 años, escuchaba a mi hermano Max hablar muchas cosas de él, pero no lo conocía en persona.

Recuerdo un campeonato en Cerro Azul, donde acompañé a Max (mi hermano mayor) para que compita en el clásico torneo de ola chica “Sonia Barreda”, evento que se realizaba en homenaje a la madre del “Gordo” Barreda, primera tablista femenina del Perú. Todo esto me sucedía cuando yo ni siquiera tenía ni un mes corriendo olas. De pronto, antes que el evento termine, me llamó la atención ver que por la mitad de la playa había una especie de camión trailler. Parecía una reunión de amigos con algunos curiosos. Me acerqué y pude zambullirme entre los ‘sapos’ y pude leer, junto a un dibujito bien estilo flower power, la inscripción “Gordo Barreda”.

“Pucha”, dije, “finalmente lo voy a conocer”. Pero como estaba rodeado de muchos amigos me era difícil saber cuál era Berrera. La verdad es que yo me chupaba preguntar, así que me quedé atento a ver si lo reconocía. De pronto un chico por allí dijo “ese es el Gordo”. Avanzo tratando de verlo de cerca, hasta que estuve frente a frente. Voy a ser sincero: no recuerdo qué fue lo que le dije, pero lo que sí no he olvidado es que me miró con su gran sonrisa, como diciendo que eso que acababa de decir le había causado gracia. Al segundo lo llamaron sus amigos y la escena se vio interrumpida.

Esa imagen se quedó grabada en mi mente desde siempre, inclusive hasta el día de hoy. Para mí, el haber visto al “Gordo” Barreda –máximo exponente de la tabla nacional por ese entonces–, finalista del Duke Kahanamoku, fue sin duda la principal motivación para convertirme en un competidor con serias convicciones de a llegar a ser el mejor.

Siempre fui una persona con inclinaciones a competir y motivado siempre para ganar. Mi hermano Max era, en esa época, campeón nacional de las categorías menores del Perú. Lógico, esta situación contribuyó con todos los mecanismos de aprendizaje que recibí inicialmente dentro de mi entorno, gracias a mi hermano y a sus amigos. Pasaron un par de años y Max decidió viajar a estudiar a los EE.UU. Fue durante esa época que realmente pude conocer de verdad al “Gordo”.

Un día me encontré con Chalo Espejo en la playa el Triángulo, de Chorrillos. Conversando, me contó que acababa de regresar del norte de un viaje increíble con el “Gordo” Barreda, Eva y Pepe Whilar. Se fueron a correr nada menos que las olas de la caleta de Cabo Blanco. Chalo me llevó a su casa y me enseñó todas las fotos que le había tomado Pepe Whilar. Sin duda, ver todo esto de los campeonatos, pensar en los viajes para correr olas y tomar fotos, me motivaba cada vez más.

Un día el propio Chalo me pasó la voz para ir a correr tabla con el “Gordo”. Nos quedamos a dormir en su casa de Punta Negra para y correr temprano Punta Rocas. En esa época correr olas grandes era todo y recuerdo que la movida giraba en torno a quién se mandaba más. El día que conocería al “Gordo” Barreda había llegado y yo no me podía quedar. Recuerdo que el mar estaba medianón, pero para nosotros estaba gigante. A mí y a Chalo nos cayó una serie que por poco hace que tiremos la toalla. Al final nos aclimatamos al mar y luego nos corrimos unas olas buenasas. Creo que no defraudamos al “Gordo”, porque cuando estábamos de regreso, él mismo me invitó a correr nuevamente con él al sur las semanas siguientes. De allí en adelante se comenzó formar y a afianzar una amistad muy especial, que con los años se fue consolidando cada vez mas.

Al poco tiempo me propuso para que trabaje atendiendo en las tardes en el GB Surf Shop de la Calle Atahualpa, en Miraflores, primera tienda especializada en tablas, ropa y accesorios para todos los tablistas. La tienda era el pointy reunía a todos los surfers de la época. Fue en ese local donde conocí a mucha gente vinculada con el deporte. Y fue allí donde escuchaba atentamente cómo el “Gordo” contaba todas sus historias y experiencias. Con el pasar del tiempo comenzamos a viajar al norte y a pasar muchos fines de semana corriendo las izquierdas y las derechas de Cerro Azul –estas últimas, las favoritas de Barreda–. Paralelamente me iba involucrando cada vez mas con las competencias, mientras él era campeón peruano.

Sin duda, lo que el “Gordo” estaba haciendo con nosotros era formar tablistas de nivel Internacional, dándonos la mayoría de veces las facilidades para que tengamos todo lo que necesitábamos. Personalmente estaba muy motivado con la idea de ser parte del primer team GB, equipo al cual pertenecí por varios años y donde aprendí, de primera mano, la forma fluida, con velocidad y fuerza, con la que el “Gordo” corría. Además, aproveché las técnicas y tácticas de un verdadero competidor.

A los 17 años, gracias a toda la experiencia y técnica que adquirí cerca suyo durante varios años, me pude coronar campeón nacional y campeón de la Copa José Duany, todo el mismo año.

Al salir del colegio decidí emigrar a Hawái y dedicarme a la tabla profesionalmente. Allí pasé más de cinco años corriendo olas gigantes y perfeccionando mi técnica. Cuando volví, muchas cosas habían cambiado. Había perdido contacto con el “Gordo”, su team y la tienda. Para ese entonces había conseguido auspiciadores en el extranjero, la situación en el Perú estaba preocupante. y la industria de la tabla no había crecido como yo hubiera querido. En fin, pese a ello, las experiencias y lecciones aprendidas fueron muy productivas para mí.

Después de retirarme del Tour Mundial, donde pasé cerca de cinco años viajando por el mundo, volví al Perú y comencé a competir en los nacionales. Así llegué, con el pasar de los años, en ganar el titulo nacional durante 7 años, fruto de la perseverancia y motivación que estaban dentro de mí desde mis inicios en este deporte. El “Gordo” fue una motivación muy especial para mí y tuve la gran suerte de poder entrar a la familia del surfing nacional por la puerta grande. Le doy gracias a Dios por ser parte de ese legado que el “Gordo” inició y desarrolló en aquellos años, del que me siento parte importante.

Unos meses antes de que el “Gordo” nos dejara, me confesó que estaba muy orgulloso de mí y que se sentía muy feliz porque yo rompí su récord de 4 veces campeón nacional. Lógico, esas palabras me llenaron el alma.

“Gordito”, nunca me cansaré de darte gracias a ti y a tu inseparable Eva por todo lo que hicieron por mí durante todos esos años, muy importantes en mi formación como tablista y persona. Todo lo conservo muy dentro de mi corazón y solo quiero que la gente sepa lo agradecido que estoy contigo. De igual manera, pretendo que el público se entere que tu legado sigue y seguirá trayendo triunfos importantes al Perú. Yo ando comprometido con la tabla y personalmente me encargaré de materializar más alegrías.





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